Julia miró con un suspiro de satisfacción su imagen reflejada en el muro de espejo de su nuevo despacho, en lo más alto de una de las nuevas torres de diseño al norte de la capital.
Sobre el sofá de cuero descansaba su nuevo abrigo de zorros, un caprichito que casi le cuesta el divorcio...
Se sentó delante de la mesa y como por inercia encendió un cigarrillo y aspiró profundamente...
Sintió el humo penetrar lentamente por su cuerpo y comenzó a mover la cabeza al ritmo del casi imperceptible hilo musical.
Su larga melena cuidadosamente “despeinada” se movía al compás de su cabeza y reflejos imposibles por obra y gracia del mejor peluquero de Madrid la hacían parecer un ascua de oro.
Miró el reloj de muñeca y las suelas rojas de sus altísimos zapatos golpearon con impaciencia el enmoquetado piso.
Casi se sobresaltó al oír unos tímidos golpes en la puerta.
Su esbelto cuerpo a fuerza de horas de gimnasio, vestido con la última colección del modista triunfador de la Cibeles Fashion Week, saltó como impulsado por un resorte, al tiempo que aplastaba el cigarrillo con violencia contra el cenicero de la mesa...
(sigue el hilo...)